AUTOR

Javier Braga.

Eterno escritor de Sinteligente. Administrador de Sinteligente TV. Colaborador de Yocable. Seriéfilo, cinéfilo, futboléfilo (?). Creador de este blog de humor, con un gran toque personal, que busca hacer reír con alguna tontería publicada, algún cuento que surja o alguna frase pelotuda que se me escape.

Tratados por Psicópata: 1x02: Miguel

31 de julio de 2010


Carlos Bódalo estaba esperando a su próximo paciente. Sentado donde se habría de ubicar el visitante, miraba hacia el techo de la casa sin ver nada. Miraba toda una inmensidad pero no captaba nada. Quizás ni pensase en ese momento. De pronto, la puerta de entrada fue golpeada. Ya había llegado Miguel, el paciente nuevo de ese día. Carlos, con un pequeño susto producto del golpe y su grado de despiste, se dirigió a la puerta.

Ya ubicado en su puesto, Carlos comenzó a escuchar al paciente. El problema era que al igual que hacía unos minutos, Carlos no captaba nada. Pero no porque estuviera disperso, sino porque el paciente no decía una sola palabra.

“Disculpe, pero usted está pagando esta consulta. ¿No quiere hablar de nada? Por mí no hay problema, disfruto más recordando los dichos de mis pacientes más divertidos que escuchando a los nuevos. Haga lo que quiera” – Dijo Bódalo. El problema era que ni siquiera frente a tal tomadura de pelo, Miguel decía una palabra. Ya el asunto pasó a ser de una simple idiotez a un desafío para Carlos. Ahora, pese a no tener el mínimo interés en escuchar lo que tenía para decir, Carlos ansiaba hacerlo hablar, como forma de mostrar liderazgo en el lugar.

“Bien. No quiere hablar. De seguro alguien de su familia lo mandó, ¿verdad? Tenemos varias opciones: o sus padres, lo cual me daría un poco de pena ya que significaría que un hombre mayor que yo sigue viviendo con sus padres y aún es sometido a sus mandatos; sus hijos, lo cual me demuestra que realmente sus hijos creen que usted tiene algún problema a tratar, preocupable ya que es el primer síntoma antes de ser sumergido en alguna casa de salud; o su esposa, o esposo, quien sabe, lo cual me provoca un poco de asco ya que me da la imagen de un sujeto que vive del sueldo de su pareja y por eso tiene que bancarse esta situación de mierda. ¿Cuál?” – Preguntó Bódalo provocando al sujeto.

Al decir eso, Miguel abrió la boca y emitió: “Andá a la puta que te parió . ¿Hombría querés? ¿No querés que te rompa la cara?”.

Carlos comenzó a emitir una pequeña carcajada. Miguel se levantó preparado a golpearlo. Carlos dijo: “Ahora sí. Al menos veo que tenés, por lo menos un huevo”. Miguel se sintió puteado ferozmente con esa expresión, pues Miguel tenía un solo testículo. Luego de pensar unos segundos, Miguel no sabía si el comentario había sido simplemente desafortunado, o el psicólogo lo conocía.

Carlos dijo: “Bueno Miguel, ahora que ya nos puteamos un rato, vamos a comenzar a saber para qué mierda te hicieron venir”.

“¿Otra vez con eso? Nadie me hizo venir. Me recomendaron que viera un psicólogo, y acepté la recomendación. Nada más” – Contestó Miguel.

“Entiendo. Anoche un policía me paró en la ruta y me recomendó que le mostrara mi libreta de conducir” – Dijo irónicamente Carlos, provocando cada vez mas molestia en el paciente.

Miguel contestó: “Mi jefe me recomendó ver a un psicólogo, ya que cree que tiendo a ser un poco agresivo en el trabajo. Nada más”.

Carlos quedó pensativo unos segundos. Luego dijo: “¿Agresivo? ¿En serio? Si usted es agresivo, yo entonces soy un asesino” – Luego se rió de forma exagerada, provocándose a si mismo una fuerte tos. Miguel estaba enfurecido.

Luego Carlos dijo: “Bien. Veamos porque usted tiende a ser agresivo. ¿Qué cosas lo enfurecen?”.

Miguel le contestó: “Enfurecerme y ponerme agresivo son cosas distintas. Tiendo a ser malhumorado, pero eso no quiere decir que sea agresivo con los demás”.

“Va a estar complicado tener un diálogo con usted, ya veo” – Dijo Carlos, agregando: “¿Qué cosas lo ponen de malhumor? ¿Le gusta más así la pregunta? Le doy un ejemplo, así me sabe contestar. Yo me pongo de malhumor cuando vienen pacientes nuevos que no saben para qué mierda vienen y me hacen perder el tiempo”.

Miguel comenzó a reírse. Esta vez, y diferente a otras veces, Carlos fue quien se enfureció en la relación psicólogo – paciente. Miguel le dijo: “Mi jefe me dijo que usted tiene un estilo particular. Pero como yo tengo mi estilo también, y es no dejarme pisotear por un pelotudo como usted y mandarlo a la concha de su madre…”.

“¿Su jefe?, ¿quién es su jefe?” – Preguntó desesperado Carlos.

“Es una paciente suya. Vino una vez, la semana pasada. Se llama Mariana” – Dijo Miguel. Carlos quedó pensativo. Luego dijo: “Antes de seguir con esta conversación que sin dudas no nos va a llevar a ningún lado. ¿Cómo está Mariana? La estoy esperando para su segunda consulta”.

Miguel dijo: “Sigue siendo la misma perra traicionera de siempre”. No dijo más nada. Carlos estaba realmente intrigado.

Luego Carlos dijo: “Volvamos al asunto más importante. ¿Qué lo pone de malhumor?”.

“Soy un sujeto ágil. Me desespero porque las cosas se hagan bien y rápidamente. La puta de mi jefa pide una forma de trabajo que no tolero. Quizás por eso diga que soy agresivo, porque no temo decirle de todo en la cara” – Dijo Miguel.

“Sabe. Que su jefa intente cambiar su carácter demuestra que lo único que busca de usted es que no sea usted. Sin dudas, entre ustedes dos hay un gran resentimiento. ¿Fueron pareja?” – Preguntó Carlos.

Miguel dijo: “¿Pareja? Pregunte realmente lo que tiene que preguntar. Si usted me está preguntando si yo me acosté con ella alguna vez, le contesto que sí”. Carlos estaba sorprendido por la manera como le contestaba su paciente.

“Me parece que estos nervios que tiene usted van para psiquiatra. Creo que se equivocó de profesional. Esto me hace acordar a la vez que le pagué a una puta y vino una stripper. Yo no le quería ver las tetas, se las quería tocar” – Dijo Carlos. Miguel no podía entender tal respuesta.

De pronto, la puerta del consultorio fue golpeada. Carlos jamás abría la puerta durante una consulta. El problema fue cuando se sucedieron varios golpes a la puerta, de una forma estrepitosa. Insultando en voz baja Carlos se dirigió a la puerta. Del otro lado, quien golpeaba, se presentó como Héctor y le dijo: “Señor Carlos Bódalo, alguien le acaba de romper un vidrio del auto”.

Carlos exclamó: “¡Otra vez los hijos del negro de la esquina! Ya decía yo que había que matarlos antes que empezaran a caminar los vándalos esos”. Miguel, escuchando la conversación, repudiaba el comentario.

Carlos le siguió diciendo al otro sujeto: “¿Y usted por qué me viene a avisar? ¿Quiere un regalito por haberme contado? ¿Cómo sabe mi nombre usted?”.

“¿Regalito?” – Preguntó sorprendido el sujeto, agregando: “Soy de la zona. Lo conozco como lo conocen todos. Como un hijo de puta que lo único que sabe hacer es hacer desesperar a la gente. Vaya a chequear su auto si quiere. De lo contrario váyase a la puta madre que lo parió!”.

Carlos pensaba: “Hoy no es mi día. Me están superando un paciente, y este negrito de Héctor”. Luego expresó en voz alta hacia Miguel: “Ya vuelvo”.

Aprovechando la soledad, Miguel se acercó a un escritorio que se encontraba en el consultorio. Abrió su primer cajón y encontró una carpeta. Dio una ágil mirada a sus páginas y volvió al sillón. Al volver Carlos, Miguel comenzó a actuar de forma diferente.

Carlos le dijo: “Bueno Miguel. Se nos está yendo la consulta y no hemos llegado a buen puerto. Es claro que vas a venir todas las semanas. Tenés una personalidad que jamás podrá llegar a nada en cuestión laboral. Y menos en lo personal. ¿Usted tiene novia o esposa?”.

Miguel sonrió y dijo: “No. Tengo novio”. El tono confundió a Carlos. No entendió si fue una ironía o fue la verdad. Luego Miguel agregó: “Voy a venir a verlo la próxima semana. Me gustaría que me ayude a ser más pacífico”. El comentario alarmó a Bódalo, ya que notó el cambio de la personalidad de Miguel de antes de su salida a luego de la misma.

Carlos le dijo: “Veo que usted es terco, arrogante y totalmente desubicado. Sin embargo, creo que si descubrimos el motivo de esas actitudes podemos llegar a un buen resultado. Mi consejo hasta la próxima, es que le diga en la cara todo lo que piensa de su jefa a ella”.

“¿Todo lo que pienso?” – Preguntó Miguel, agregando: “¿No empeoraría la situación?”.

Carlos contestó: “Claro que no. Usted necesita desahogarse. Dígale todo en la cara. Que es una perra traicionera, como antes dijo”.

“Y re-puta. Además de mala amante. Tampoco es tan linda. Tiene pinta de travesti” – Dijo Miguel, a lo que dijo Carlos: “Usted no le hace asco a nada en la cama entonces”. Luego se rió. Miguel también se rió. Fue en ese momento que Carlos se dio cuenta que Miguel sabía algo.

“Se terminó el tiempo de consulta. No llegamos a nada, pero espero verlo el próximo martes” – Dijo Carlos. Cuando Miguel se dirigió a la puerta, Carlos le dio la mano y le dijo: “Espero que sea más sincero la próxima vez”.

“Yo fui sincero” – Dijo Miguel.

“Sí. Sobre todo en la primera parte de la consulta. Antes del incidente con mi auto” – Agregó Carlos. Miguel no se mutó. Se retiró.

Carlos estaba convencido que el verdadero Miguel era el de los primeros minutos de consulta. Luego se dirigió al escritorio. Al ver su primer cajón apenas fuera del mismo, lo abrió. Allí se dio cuenta que Miguel le había revisado los papeles. Dejó los papeles tirados sobre el escritorio y se retiró hacia la cocina. En los papeles figuraba una foto de su paciente Mariana. Además de eso, había un análisis médico de Miguel.

Desde la cocina, Carlos gritaba con desesperación. Tras un impresionante grito, una mujer gritaba a la par. Pero de dolor.

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